México está a punto de convertirse en protagonista de una nueva etapa de la agricultura mundial. El país aprobó el primer biofungicida basado en ácido ribonucleico (RNA) registrado en el mundo y, además, será sede de su producción a gran escala. El anuncio fue presentado el 12 de agosto de 2026 por Marcelo Ebrard, secretario de Economía, quien destacó el potencial de esta tecnología para transformar el uso de productos destinados al control de enfermedades agrícolas.
El desarrollo pertenece a Green Light Biosciences, empresa fundada y dirigida por el mexicano Andrey Zarur, quien desarrolló parte de su trayectoria profesional entre México y Estados Unidos. La compañía decidió llevar la producción biotecnológica a gran escala a México, una decisión que representa una apuesta por la capacidad científica, industrial y tecnológica del país.
¿Qué tiene de diferente este biofungicida?
A diferencia de los fungicidas convencionales, esta tecnología de este biofungicida utiliza RNA para actuar de manera específica contra organismos que afectan a los cultivos. La propuesta busca sustituir determinados pesticidas químicos de mayor riesgo por una herramienta biotecnológica más selectiva.
De acuerdo con Andrey Zarur, el producto permite controlar plagas y enfermedades de manera específica, disminuyendo la dependencia de agroquímicos derivados del petróleo y reduciendo su impacto ambiental. Esto resulta especialmente relevante en un momento en el que productores y consumidores demandan alimentos con menores residuos de productos químicos.
La tecnología no surgió de la noche a la mañana. Su desarrollo requirió más de diez años de investigación y ensayos realizados en México y otros 20 países, hasta conseguir su autorización. Según lo informado durante la presentación, el proceso de aprobación en México tomó nueve meses.
Una inversión de 100 millones de dólares
El impacto de esta innovación no se limita al ámbito agrícola. La Secretaría de Economía señaló que la producción del biofungicida generará una nueva cadena de valor vinculada con la biotecnología y el conocimiento.
La inversión inicial prevista ronda los 100 millones de dólares, mientras que el proyecto contempla la creación de aproximadamente 500 empleos directos especializados, además de una cantidad similar de empleos de soporte. También se habilitará la construcción de una planta de manufactura en la Ciudad de México.
Para Ebrard, este tipo de proyectos representa precisamente el tipo de actividad que México necesita impulsar: productos de alto valor agregado basados en conocimiento, ciencia e innovación, en lugar de limitarse a actividades manufactureras de menor contenido tecnológico.
Un nuevo camino para la agricultura
El avance también llega en un contexto de creciente interés por reducir el uso de determinados plaguicidas y disminuir la presencia de residuos químicos en los alimentos. Víctor Hugo Borja Aburto, titular de Cofepris, señaló que el nuevo biofungicida cumple con las normas establecidas y destacó la importancia de contar con procesos capaces de evaluar y autorizar rápidamente nuevas alternativas biotecnológicas.
La relevancia del anuncio va, por tanto, mucho más allá de la llegada de un nuevo producto al mercado. El primer registro mundial de un biofungicida de RNA coloca a México en una posición estratégica dentro de una tecnología que podría adquirir mayor importancia en la agricultura del futuro.
El reto ahora será llevar esta innovación del laboratorio y la planta de producción hasta los productores, demostrar su eficacia y rentabilidad en diferentes sistemas agrícolas y conseguir que estas tecnologías sean accesibles para el campo.
México ya demostró que puede participar en el desarrollo de soluciones biotecnológicas de frontera. La producción de este biofungicida podría convertirse en un ejemplo de cómo la ciencia mexicana, la inversión privada y las instituciones públicas pueden trabajar juntas para desarrollar una agricultura más precisa, sostenible y tecnológica.
Y quizá lo más importante: esta vez México no solamente será consumidor de una tecnología desarrollada en otro país. Será el lugar donde una innovación agrícola de alcance mundial será producida.
Fuente: La Jornada

