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El suelo como ente vivo

el suelo vivo

El suelo como organismo vivo

Partimos de la premisa de que el suelo es un organismo vivo y no un elemento inerte con «bichos». En todo caso esos bichos son el suelo; no están en el suelo. Si esto se comprende en profundidad, el próximo concepto a introducir es que ese organismo llamado suelo, en teoría, es capaz de aportarle a la planta todo lo que esta necesita para desarrollar su potencial genético, que es lo que sucede en un lugar prístino. Obviamente que cuando modificamos el ecosistema con cultivos específicos, esto cambia, pero no tanto como para necesitar la cantidad de fertilizantes que usamos habitualmente.

La relación suelo-planta es absolutamente simbiótica. Los suelos (vivos) necesita nutrirse de las plantas vivas y las plantas necesitan nutrirse del suelo para poder vivir. Uno sin el otro, no vive, aunque existe un abanico enorme de estados intermedios que van desde la vida plena hasta la muerte misma. Dicho de otra manera: hay muchos estados nutricionales del suelo y de la planta entre uno y otro extremo, y todos ellos dependen fuertemente del manejo que hagamos del suelo y del cultivo. Para aclarar aún más: por ser un organismo vivo, también necesita alimento para desarrollarse y así poder nutrir a la planta. Si él no está saludable, no podrá aportarle mucho a la planta. Estará vivo sólo si se dan 2 circunstancias:

  • que hayan plantas vivas sobre él y
  • que hayan plantas muertas sobre él.

En el primer caso, recibirá, además de los nutrientes derivados de la descomposición de la MO e inorgánica, fotosintatos y demás sustancias que exudan las plantas. En cambio en el segundo caso, sólo recibirá los restos de la materia muerta (rastrojos) hasta que esta se acabe, creando así un suelo de menor calidad orgánica y biológica que contiene plantas vivas. De más está decir que cuando el suelo no tiene ni plantas vivas ni muertas (desnudo), es incapaz de sobrevivir y le será muy difícil sostener un cultivo. Por eso es que la mejor situación es mantenerlo con agricultura continua, siempre que se haga correctamente.

El suelo agrícola tiene vida, es la madre y es sagrada, porque permite la reproducción de la vida, por lo tanto al ser un ser vivo y su fertilidad un atributo atingente a todos los seres vivos, tiene que cuidarse y alimentarse con abonos orgánicos bien preparados y sanos.

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